Para Eidolon poco importan las ruinas del oráculo sobre las que duerme o que hoy sería el día efervescente de barcos viniendo a escuchar lo que alguna enajenada quisiera decir. No sabe más allá de las cabras que ordeña y si supiera de las ruinas bajo su establo no le interesarían.
Eidolon se llama Eidolon porque toda la isla vio la silueta de su abuela zambulléndose en el infierno la noche en que nació su madre, y toda la isla vio durante semanas sombras que recordaban a la susodicha volviendo a despeñarse al mar.
Eidolon ignora también lo perverso del Oráculo que acierta siempre porque cuando falla es error de quien interpreta y no del mensaje. Sin embargo lo entendería si alguien le explicara que tal perversión se parece mucho a eso que le pasa al mirar al mar tras las noches de malos sueños; cuando los colores se arremolinan y metamorfosean volviendo el azul del mar más y más amarillento hasta llegar al blanco con espuma negra, o volviendo mullido y verdoso el manto cobalto sobre el que duerme.
Eidolon no sabe que los sonidos que corren bajo su pensamiento podrían ser palabras inteligibles más allá de ese océano donde se acaba el mundo. Si supiera qué es una civilización sabría que eso que siente entre las costillas es la quiebra de una de ellas, desmoronándose a lo lejos. O que habla con cierta indiferencia de su madre muerta porque la han atravesado muertes de emperadores.
Carece de escapatoria para las noches convulsas y sin embargo pace indolente en la vigilia; sin saber que si hubiera nacido catorce siglos antes la llamarían Pitia, no ordeñaría cabras sino su miedo, y hordas de gentes ajenas con sueños irrelevantes creerían ciegamente en sus sentidos desteñidos forzando significados para explicar sus porvenires. Sin saber tampoco que se ha salvado de nacer siete siglos más tarde y no ser Pitia sino pitiática, sus espasmos de terror crisis histéricas, y el suicidio de su madre un dato más para predecir su propio futuro en vez del de los demás.
Discurren sin embargo tranquilos sus días, a salvo de quienes quisieran darle un lugar en el mundo, sin que tenga modo de agradecérselo a los siglos de razón dormida.
Para el Dr. Mol.
Disculpen las diversas licencias
lunes 1 de agosto de 2011
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